Enseñar a las Elizabeth

Fui docente de la UASD durante más de una década pero mucho antes de entrar en la universidad, cuando aún era adolescente, di clases a mi primera alumna, Elizabeth. Yo tenía como 16 años y ella quince. Me llamaba profesora al igual que su madre. Ambas eran analfabetas.

“Elizabeth debe aprender para que no sea bruta como yo”, me decía su mamá quien esbozaba una sonrisa burlona cuando me refería a ella como “señora”. Después supe el porqué. Se ganaba la vida como prostituta.

Ambas vivían detrás del Cementerio del Seibo en un barrio que ahora tiene las calles asfaltadas pero veinte y tanto años atrás era una loma surcada por caminitos de tierra al borde de los cuales se levantaban casitas de yagua, madera y zinc, por lo general, de una sola pieza. Allí las familias, como la de Elizabeth, cocinaban, comían, dormían y recibían las visitas en un cuartucho que apenas sobrepasaba el metro cuadrado. El mobiliario habitual en esas casitas eran dos sillitas de madera y guano.

Yo había vivido toda mi vida en El Seibo pero sólo conocía el perímetro urbano. Nunca visité esa parte de la ciudad hasta que tuve la fortuna de entrar al grupo “Reflexión”, que dirigía la religiosa Faustina Posada. Ella involucró a los muchachos que integrábamos “Reflexión” en una campaña de alfabetización. Con un censo casa por casa, establecimos quiénes no sabían leer en la zona. Así llegué hasta Elizabeth. En ese censo me di cuenta de que no tienes idea de cuánta gente de la que te pasa por el lado en las calles es analfabeta.

Tuve varios alumnos pero ahora no recuerdo sus nombres.

Sólo Elizabeth quedó grabada en mi memoria porque se parecía a mí. Era una adolescente, como yo, pero con unas circunstancias de vida opuestas. Entendí que la gran barrera entre las dos era el conocimiento. Yo estaba a un paso de ser bachiller y entrar en la universidad, mientras ella no era capaz de escribir su nombre. De hecho, se le hizo difícil hacerlo. Elizabeth aprendió algunas palabras, y a firmar, pero no terminó el curso y unos años después la vi, de lejos, con una bebé en brazos. Una niñita a la que probablemente nunca le pudo leer un cuento. Yo emigré a la Capital y, a veces, me asaltaba el deseo de involucrarme en un programa de alfabetización.

Hace unos meses, Celeste Pérez, la Encargada de Relaciones Públicas de Listín Diario, me contó que organizan una jornada para enseñar a leer y escribir a quienes no saben. El proyecto cuenta con el apoyo del Ministerio de Educación y para él están reclutando facilitadores a los que ofrecerán un taller el 27 y 28 de este mes aquí, en el Listín. La idea es que la gente alfabetice en sus comunidades a través de juntas de vecinos, organizaciones comunitarias o la Iglesia. Le conté a Celeste que es un proyecto como el que viví hace décadas, cuando comprendí que saber leer y escribir es la puerta de entrada de las personas hacia el conocimiento y una vida digna.

Ahora, me enrolé en esta iniciativa del Listín buscando ayudar a muchas Elizabeth. Si usted también se quiere sumar el teléfono es (809) 686- 6688 extensiones 2417; 2510; 2289; 2584 y 2445.

5 comentarios para “Enseñar a las Elizabeth”

  • Rafael Martinez dice:

    Cuanto me hubiese gustado vivir en el país e involucrarme otra vez en un proyecto al que le dediqué años

    En los años 70s, el arzobispado dominicana tenía un programa similar, llamado universidad popular, era dirigido por el padre Mario Suares, hombre de gran sensibilidad.

    Esa fue una herencia de mi madre. Viviamos en Villa Faro, una pequeña comunidad rodeada de matas de tamarindo y una gran población de cotorras, las que inmigraron con la llegada de mas pobladores al área.

    En esos años vivian muchos haitianos en el lugar, recuerdo a Pulí, Masina, entre otros. Mi mamá sabía cuantos analfabetos vivían en la región, porque todos iban donde ella cuando querian saber que decía una carta o deseaban llenar una solicitud para ingresar a la guardia.

    Entonces mami un día fue casa por casa y les dijo: Compren un lapiz y un cuaderno y vayan a mi casa esta noche a las seis, así esa noche se inicio la primera escuela de alfabetización y enseñanza nocturna en toda la región.

    Práctica que yo continué en universidad popular y de la cual tengo gratos recuerdos y grandes satisfacciones.

  • Carmen Cris dice:

    El grupo “reflexion” fue una base cultural, social, emocional y de valores que tuvo buenos frutos. Ojala la juventud del Seybo y de todo el pais, pudiera imitar esta accion de reunir jovenes en torno a un proposito: !!educacion en valores!!
    el grupo reflexion nos desasrrollo el gusto por la lectura, el gusto por la solidaridad, por el buen hacer o las buenas practicas, el gusto por la defensa de las mejores causas…en fin..EL GUSTO POR EL SER…

  • Hola Alicia:

    Me encanta tu blog. solo deseo citar está frase:

    “La lectura hace al hombre completo;la conversación,ágil y el escribir, preciso”.
    Sir Francis Bacon

  • lucia caraballo dice:

    Profesora siempre es grato recibir sus enseñanzas, ya no estamos en las aulas pero ca ves que leo su columna me siento como si estivieramos alli, en ese lugar en el que tanto aprendi de uste.

    Leer su columna para mi es como estar en una de las aulas del CURSA escuchandola y tomando apuntes.

    quiero que sepa que me solidarizo por vía suya con los padres de Camil Marie, no tengo hijos aun, pero puedo asegurarle que el amor que sientopor mis sobrinos me lleva a entender el momento que viven los padres de Camil MArie y orare por su salud
    Lucia Caraballo, Santiago de los Caballeros

  • ANA CELESTE dice:

    hola no se si te gustaria que te llame chencha, pero te conosco desde hace tanto tiempo estudiaba toda la tarde en tu casa con livertad y tu y tu madre me decian ana marcela por una novela famosa en esa epoca, no se si te acordadara. Me da tanto gusto verte realizada en esa forma de corazon te felicito, como son las cosas de la vida antes no te dejaba crecer el pelo y me alegro de que tu niña se sanara hoy pidiendo la oracion en radio seibo

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