Despedida al “macuto”
“Era perfecta. Deberías hacerle una despedida”, fue la reacción de mi hija Laura al enterarse que mi cartera favorita durante varios años había quedado fuera de combate. “Es verdad”, le respondí. Porque sentí que tenía razón. A nadie se le ocurre marcharse de una casa, un restaurante o cualquier lugar donde ha sido bien atendido sin decir adiós. Ni romper lazos afectivos o enterrar a un ser querido sin hacerle sentir lo importante que fue para nosotros.
Hasta cuando se nos muere una mascota, solemos hacer toda una ceremonia del adiós. En Estados Unidos, por ejemplo, vi un amplio y bien cuidado cementerio de perros, a donde los dueños pueden ir a depositar flores a quienes fueron sus leales compañeros.
Pero con los objetos que nos han sido útiles no ocurre lo mismo. Nadie construiría un cementerio de zapatos, pantalones, platos o carteras. El destino de nuestros artículos personales favoritos puede ser tan ingrato como el zafacón de la basura o tan digno como cuando lo pasamos a un segundo usuario más necesitado que nosotros. En cualquier caso, el momento en que sacamos de nuestras vidas una prenda de vestir o un mueble, suele ser breve y sin ceremonia. Un día te pones a revisar el clóset, y descubres una blusa que no te pones hace años, la miras por detrás y por delante y, con determinación, la lanzas a una funda de “la ropa para dar” y así inicia la pieza el viaje hacia su nuevo dueño o dueña, sin que el anterior propietario se moleste en agradecerle todo el tiempo en que le fue útil.
También pasa como con mi cartera favorita, que era mi compañera inseparable hasta el pasado domingo cuando el cierre se desprendió y, pese a que el resto de ella está en perfecto estado y a lo mucho que celebraba su utilidad, la sustituí dejándola a un lado del clóset, sin mayores miramientos, y, me avergu¨enza decirlo, ni se me ocurrió agradecerle los servicios prestados, ¡y mira que fue útil! Para empezar, la compré hace tres años en uno de esos arranques certeros que a veces sufrimos las mujeres en las tiendas: Miramos algo y decimos, “me lo llevo”.
Iba de viaje y casi no reparé en la excelente compra que había hecho hasta que empecé a meterle cosas. Era grandísima, cogía de todo y yo la aprovechaba al máximo. Se convirtió en algo común, cada vez que alguien debía sostener mi cartera, la pregunta: “¿Qué llevas ahí que pesa tanto?” Acostumbraba a responder, “A mis tres hijos y al perro”. Yo adoraba esa cartera pero mi espalda llegó a odiarla y un día gritó por ello. La oí perfecta y dolorosamente. Dejé los tacos, otra de mis debilidades, y el “macuto”, como la llamaba, pasó un tiempo medio vacío hasta que me sentí bien y, como toda mujer que se respete, volví a mis tacos y a llenar mi bolso hasta el tope. En una ocasión, metí hasta una laptop.
Admito que soy una malagradecida porque mi cartera se mantuvo fiel y hasta guardó secretos, como mi incapacidad para mantenerla ordenada, sin contárselos a nadie. Así que no la echaré al zafacón, tendrá un destino digno en otras manos que la reparen. Pero, antes de su viaje hacia su próxima dueña, estoy complaciendo a mi hija Laura y esta es la despedida de mi “macuto”, perdonando los lectores este tema tan “trascedente” para el país.
Está permitido reír.
Me gusto este articulo. Si, es un tema trascendente. Es refrescante y al mismo tiempo aleccionador. Es una elegia a la gratitud (aunque se trate de un objeto) en estos tiempos en que escasean esta y otras virtudes.
Alegraste mi manana. Gracias
Hola Alicia,
me pareció muy refrescante este articulo;
mejor dicho me encantó, pues tienes mucha razón,
utilizamos las cosas y adios….deben sentirse muy mal
cuando se sienten simplemente utilizadas!!!!
bien por ti y tu hija, en reconocer las bondades de tu cartera.
Cuando he gozado con la columna de hoy. Se, perfectamente, lo útil que fue esa cartera “macuto”, pues siempre te preguntaba que que tanto cargabas ahí y de las culpas que le echamos cuando tenías los dolores en la espalda.
Así es que me alegro de que le hayas dado una despedida tan digna.
alicia ; al leer tu relato me paso algo curioso, al contrario de como se sintio laurita , paradojicamente en su momento me senti como un macuto , aunque el ziper estaba un poco rigido ,mi dueña me trato como si yo fuese de vinil y no de el fino letter de el cual me construyeron, procure ponerme broches para mi proxima dueña , me tome mi tiempo para poder elejir bien que la persona que me tocara la proxima bes ademas de poner dentro de mi cosas mas libianas , tratara de no poner cosas que me mancharan por dentro , y asi asegurarme de lucir por dentro lo bien que lusco por fuera.
Estoy pasando unos dias de vacaciones en PR pero aun asi no dejo de buscar tus “duendes”. Esa elegia a la cartera es excelente. Me recordo la vieja camisa rota (creo que de Ligio Vizardi). Gracias por darnos ese pedacito de alegria los miercoles y viernes.
Hola Alicia, muy bueno este artículo, siempre que se trate de algo que fué útil. Verdaderamente no nos damos cuenta de cuánto nos desempeñó el pantalón, la blusa, etc. Yo en cambio ¿sabes lo que le digo? Gracias, me fuiste tan útil, en cambio, hay cosas que tú piensas en la vida, que de hecho ha sido asi, y luego al pasar del tiempo, compruebas, que fué todo lo contrario; y te dices a ti misma ¡Pero Dios! ¿y que yo estaba pensando, que use esta porqueria tanto tiempo? En este caso de tú Macuto, no fué asi. Bye. Cuidate.
Me gusto mucho este articulo…Mientras lo leia se desprendia de mi una sonrisa.
hola alicia me gusto el articulo.
pues mis hijas se despidieron de un conjunto rojo, muy elegante
elcual no me ponia, pero que yo, nunca pense echar ala funda de dar,
fue triste. cuidate.
Hola amiga. Me encantó tu articulo porque me recordó el trabajo que me dió desprenderme de mis cachibaches cuando tuve que emigrar. Cada tasa, vaso o cortina tenía un recuerdo, pero como bien explicas, cuando lo regalamos a otra persona nos queda la satisfacción de que otros también lo disfrutaran como lo hizo uno en su momento. Por si no te di la despedida que merecias, aprovecho esta ocasión para decirte “Te extraño”
Cuidate mucho para que sigas deleitandonos con tus ocurrencias.
Hola Alicia:
En verdad considero tu artículo de la despedida de tu cartera muy edificante, ya que nos pone a pensar en lo malagradecimos que somos con quiene o que nos da su servicio gratuitamente sin emitir ningun jucio y al menor contratiempo lo desechamos o comenzamos a denigrar diciendo lo poco que sirve, sin tomar en cuenta todo lo que nos ayudo en el pasado.
Felicidades por edificarnos.
QUERIDA ALICIA: COMO ESTAS? TE VI EN “ENCUENTRO DIGITAL” Y NO TE RECONOCI..SI NO ES PORQUE HABLAS DE “COSAS DE DUENDES”, JAMAS TE HUBIERA RELACIONADO; TIENES EL PELO MAS LARGO Y ALGO QUE TE HACE LUCIR DIFERENTE. ME GUSTARIA SABER QUE PASO CON “COSAS DE DUENDES”, PUES LOS ARTICULOS QUE HAY SON VIEJOS. DIFRUTO LEERLOS, AUNQUE NO TE ESCRIBA.
DIOS TE SIGA BENDICIENDO.
FRANCIS
Es una realidad que nos encariñamos con las cosas materiales y aunque no lo creas este articulo, nos deja una gran enseñanza, la del dar tenemos que cultivar ese don dar a tanta gente que no tienen nada
JAJAJA, ME PASO LO MISMO CLARO ESTA NO USO “CARTERAS” PERO FUE CON UNA CAMISA QUE DURO CONMIGO MAS DE CUATRO AÑOS Y AUN ASI QUERIA USARLA PERO ME RECOMENDARON QUE LA REGALARA, ME SENTI MAL AL PRINCIPIO PERO ME DI CUENTA QUE SI DAS, RECIBES.