Enseñar a las Elizabeth
Fui docente de la UASD durante más de una década pero mucho antes de entrar en la universidad, cuando aún era adolescente, di clases a mi primera alumna, Elizabeth. Yo tenía como 16 años y ella quince. Me llamaba profesora al igual que su madre. Ambas eran analfabetas.
“Elizabeth debe aprender para que no sea bruta como yo”, me decía su mamá quien esbozaba una sonrisa burlona cuando me refería a ella como “señora”. Después supe el porqué. Se ganaba la vida como prostituta. Leer el resto de esta entrada »
Lo veo venir
Yo veo venir una tragedia como producto de los comentarios que se vierten en el programa de televisión “Los Dueños del Circo”. Creo que mucho tiempo había pasado para que ocurriera un espectáculo tan bochornoso como el altercado del que los televidentes fueron testigos entre los presentadores de este programa y la también presentadora Venya Carolina Peña.
En internet están colgados varios videos de la discusión que degeneró en golpes e insultos de todos los calibres. Leer el resto de esta entrada »
Lo que sigo recordando
Martha Quéliz, la editora de La Vida, es una asesora de ideas para esta columna. Ayer me pidió que hablara de cómo se conmemoraba la Semana Santa cuando éramos niñas.
Recordé que había escrito sobre el tema y me di cuenta, cuando traté de hacer algo distinto, que sólo repetiría lo mismo con nuevas palabras porque los recuerdo, cuando son verdaderos, no se hacen ni más grandes ni más pequeños.
Así que rescato el escrito que describe cómo era la Semana Santa de mi niñez que, supongo, coincidirá con los recuerdos de muchos otros adultos de hoy. “Sólo se escuchaba en la radio la voz del narrador “Jesús le dijo a Pedro, antes de que el gallo cante dos veces, tú me negarás tres veces”.
Me veo pegada al aparato. Leer el resto de esta entrada »
Como una subasta
La política en este país ha tenido históricamente un tono turbio, salvo excepciones, marcado por colonizadores estafadores y esclavistas, que cambiaban espejitos por oro; caciques sanguinarios y amigos de lo ajeno; dictadores desfalcadores, asesinos y violadores. Sustituidos por dirigentes corruptos y cínicos hasta las náuseas. Que, a su vez, encontraron reemplazo en líderes adorados por el pueblo convertidos en perseguidores de dádivas en una democracia idealizada desde un régimen con tufo a cadáveres. Democracia que, cuando se convirtió en presente, adquirió su propio hedor. Leer el resto de esta entrada »
Así no cambiaremos
Era estudiante universitaria y viajaba como pasajera en un autobús camino a mi pueblo. En el vehículo iba también una madre haitiana con una niña pequeña, que parecía enferma, y la cargué en lo que la madre terminaba de hacer algo. Estando conmigo, la bebé se sintió mal: palideció, se bañó en sudor y vomitó. Su mamá le pidió al chofer que se detuviera pero él no lo hizo. Ella lo llamaba a gritos y el hombre ni siquiera miraba hacia atrás.
La niña seguía vomitando encima de mi ropa. Al ver que el chofer no le hacía caso a la señora, le grité que se detuviera y él paró el autobús de inmediato. Escuché comentarios racistas y una profesora conocida mía, que viajaba también en el vehículo me dijo que no debí cargar a la niña. Mucho tiempo después hace apenas unos años, acompañé a una empleada haitiana que trabajaba en mi casa a una clínica. La muchacha estaba embarazada y tenía un sangrado profuso. Leer el resto de esta entrada »
Portadora de un tesoro
Odry es una muchacha de 20 años que espera su primer hijo. Ya sabe que es una niña. Su esposo Julio trabaja conmigo y me cuenta que esta madre primeriza tiene una ilusión inmensa con el bebé. Todo el tiempo se acaricia la barriga y sueña con el momento de tenerlo en sus brazos. Escucho a Julio hablar con ella por teléfono y noto que la ilusión es mutua. El es más cariñoso con su esposa, entiende que en este momento ella no está enferma pero se encuentra en una etapa muy delicada, alberga una vida y se juega la suya. Leer el resto de esta entrada »
El “caballero” corre más
He escrito antes sobre Jorgito, que acaba de cumplir ocho años pero aparenta menos, porque su constitución delgada lo hace lucir menudo y tierno. Detrás de esa fachada hay un volcán de energía y un espíritu que no encajan con su apariencia. Cuando su mamá pasa a recogerlo cada día por el colegio, se ha dado cuenta de que es muy amistoso.
Con frecuencia compañeritos gritan su nombre y le dicen adiós con las manitas. Pero también lo ha sorprendido en situaciones de confrontación.
Una vez lo encontró trepado en una columna porque abajo había un niño dispuesto a lincharlo. Leer el resto de esta entrada »
Las mujeres de mi vida

Mamá dejaba de hacer las labores domésticas para escucharme mientras le leía los primeros versos que escribí. Isabelita me traía flores cuando llegaba del colegio. Mary Luz decidió escaparse conmigo, cuando éramos adolescentes, y caminamos juntas cuatro kilómetros fuera del pueblo hasta que nos asustamos y decidimos regresar. Durante toda mi infancia y adolescencia tía Tatica y mamita me mandaron un cheque por mi cumpleaños. Libertad me canta por teléfono canciones de amor y desamor. Vicky me acogió en su casa cuando era estudiante. Esthelita me escogió para dama de su boda.
Annie me enseñó a reírme de lo que otros se escandalizaban y también me escogió para dama de su boda. A Alexandra le bauticé un hijo. Doña Victoria y Clara me organizaron mi boda. Sonia ha dejado la comodidad de su hogar, en medio de una nevada, para trasladarme a donde lo he necesitado. Lucy me hospedó en su casa con mi hija enferma. Leer el resto de esta entrada »
Estruendo ante un murmullo
Cuando estudié la primaria y el bachillerato, la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo, era un tema en el que no profundizábamos en las clases de historia. Así que el momento en que hice conciencia de lo sangriento que había sido ese régimen fue cuando mi papá me mostró un libro, con tapa dura y hojas satinadas, con las fotos de los expedicionarios del 14 de junio.
Ese libro señalaba con nombres y apellidos a los conspiradores.
La mayoría eran muchachos muy jóvenes y atractivos, parecía como si fuera el anuario de algún instituto. Le pregunté a mi papá si todos esos jóvenes habían muerto, me dijo que casi todos. De hecho, reparé en que debajo de las fotos de los sobrevivientes, luego de dar sus nombres y señales, decía “preso”.
Esos eran los menos. Ese día mi papá también me mostró otro libro que no había visto nunca.
Contenía un recuento de las víctimas del régimen, entre ellos estaba mi abuelo, Elisio Estévez, asesinado en Moca, en un atentado a tiros en los inicios de la tiranía durante la década del 30. Leer el resto de esta entrada »
¿Dónde están sus sueños?
La escuché durante décadas hablando de que quería poner una tiendecita de ropa para niños. Decía que era su sueño. Que algún día la pondría. Que sabía coser y tenía muchas ideas para crear ropitas diferentes. Yo estaba de acuerdo. También creía que ella tenía lo necesario para poner esa tienda. Pero como todavía no he visto ningún local comercial, instalado con escaparates y todo, tocar a la puerta de alguien, la tienda nunca escapó del mundo de la fantasía.



